Crónica: Rolling Stones por siempre en Lima

Fue hace casi dos años. Sin embargo, se sigue sintiendo las cuerdas de Richards. Los Stones eran  todo un misterio y una leyenda Lima: las historias que dejaron por la ciudad son pasadas de generación a generación. Como si fuese una tradición de nuestra cultura criolla.

Son muchas las historias que circulan e involucran a los rockeros  ingleses, pero solamente dos son las más conversadas. Primero, está la mítica fiesta, con los excesos y desenfrenos que se comenta, en la bahía del Callao. Resulta pues que los Stones habían llegado en un plan de turismo, influenciados por el movimiento hippie y la búsqueda de alucinógenos más potentes, y no tuvieron mejor idea para llamar la atención que alquilar un bote. El cual fue guardado muchos años en algún puerto de la playa y jamás reclamado tal vez por Jagger o Richards.  Muy triste el final del barco, pues hoy se encuentra destruido en una playa que es frecuentada por personajes de las noches chalacas, pero ahí está, destruido y pestilente, pero lo está como testimonio del paso de unos grandes por la ciudad, como un monumento puesto a su nombre por el mismo tiempo.

Luego,  se comenta que la otra historia que ronda alrededor de “majestades satánicas” es el encuentro con la vedette que  todos conocemos: “Monique Pardo”. Pero de historias de Stones y Lima hablaremos en otro momento.

Hoy les hablaré mi experiencia de su mítico regreso, después de tantos años. Regreso que sería la primera vez para muchos jóvenes, como yo, que les brindaría la oportunidad única de verlos.

Era 2015, cuando se rumoreaba que múltiples productoras estaban luchando para conseguir una fecha con los Stones el Lima. Sin embargo, las condiciones que imponían las leyendas eran muchas y las facilidades para traerlos se complicaba. Sin embargo,  de forma mágica y hasta casi milagrosa, se pudo cerrar un trato con el agente de los Stones y la gran banda que marcó los 60″ tocarían el Lima. De ahí pasó mucho tiempo, hasta que llegó el gran día.

Abrió la banda  “Fragil”, quienes se reunieron con sus miembros originales solamente por esta ocasión. Luego, después de una ardua espera de casi una hora parados todos, salieron corriendo al ritmo de “Start Me Up” los legendarios Stones. Ahí estaban y no lo podía creer, Jagger, con su esquelético cuerpo, Richards, con sus brazaletes y muecas corporales que lo representan y los demás: Ron Wood y Charlie Watts.

Fue una noche espectacular. Tocaron todo su repertorio histórico que fueron parte de la vida de momentos únicos de muchas personas, incluido yo. Sin embargo, la noche estaba a punto  de acabar y muchos creíamos que se irían sin tocar la más icónica canción de todas: Satisfaction. Pero, después de esperar tanto, salió el icónico riff tocado por Richards y todos nos pusimos a saltar como si tocar el suelo fuese una ofensa a la historia.

Salí casi perplejo del concierto. No pude escuchar bien por  los siguiente dos días por el volumen. Pero la sonrisa y el recuerdo aún siguen conmigo. Y cada vez que  escucho una de sus canciones, en las radios de los autobuses, bares, discotecas, etc, no puedo evitar recordar alguna escena de esas tres horas en el Estadio Monumental de Lima.

Aún sigo saltado.  

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